La Sagrada Escritura

La Sagrada Escritura

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¿Qué es las Sagradas Escrituras?

PRIMERO: No es sencillamente un libro o conjunto de libros de historia o bien de ética como otro cualquiera. Es El Libro de Dios”, Carta de Dios Omnipotente a su criatura”, la llamaba G. Magno.

SEGUNDO: Es el tesoro más valioso que el creyente puede tener en sus manos; ni el más sabio con sus conocimientos, ni el más rico con todos sus haberes, posee mayor riqueza que aquel que tiene en sus manos los oráculos de Dios que son fuente divina de toda gracia y manantial inagotable de vida eterna (Salmos 12:6; Juan 8:51).

Utilidad de la Sagrada Escritura.

PRIMERO: El Señor Jesucristo la utilizó constantemente y se sirvió de ella para repeler los ataques del contrincante (Mateo 4:7,10) Basó en ella sus enseñanzas y la citó con suma frecuencia (San M. 5:21, treinta y tres, treinta y ocho, cuarenta y ocho); la aconsejó a sus seguidores llamándoles la atención a que contenía vida (San J. 5:39). Ese ejemplo del Señor nos puede administrar para entender mejor su utilidad.

SEGUNDO: A nosotros los cristianos la Biblia ha de servirnos para luchar la buena batalla de la fe, en la que tenemos que lidiar con malicias espirituales y solo la espada del Espíritu puede darnos la victoria (Efesios 6:17). Es las Sagradas Escrituras la única que nos va a hacer sabios para vivir esa vida de plena salvación (San J. 17:17; dos. Timoteo 3:15-17), y derivar de ella la más grande y necesaria sabiduría.

La forma de sacar el mayor provecho de ella.

PRIMERO: Antes de comenzar su lectura debemos dirigirnos a Dios a través de Jesucristo, quien es el único digno de abrirnos el Divino Libro y romper sus sellos (Apocalipsis 5:5,9)

SEGUNDO: Debemos penetrarnos de suma reverencia cara el Beato Libro, mirar las verdades eternas que contiene como palabras del mismo Dios que nos habla, y procurar acumularlas en nuestro corazón (Cánticos 119:11).

TERCERO: Es preciso leer las Santas Escrituras con grande humildad y entera sumisión a nuestro Dios, no con espíritu altivo de discutir sus preceptos u ordenanzas, sino con la disposición de someternos a sus dictámenes. (Hechos 9:6).

CUARTO: Jesucristo es el grande objeto que siempre tenemos que tener muy presente en la lectura; debemos ver refulgir la gloria de Dios en cada una de las páginas, y considerar nuestro bien eterno en cada palabra.

QUINTO: Finalmente, hemos de estar embargados de la certeza de que en la Sagrada Escritura, como arsenal y alfolí, encontramos sin variación lo ideal para las necesidades, las de nuestros familiares y las de todos nuestros prójimos.

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