Desde el foso hasta el pináculo más alto

Desde el foso hasta el pináculo más alto

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Pienso en el José, de las Sagradas Escrituras. Ese José a quien sus hermanos lo odiaban y quisieron matarlo, pero más bien decidieron venderlo como un esclavo con gente de un país que ni tan siquiera conocía el idioma, inmerecidamente acusado de violación y echado en una prisión y olvidado.

Cuidado a quién pisas al subir porque quizás te lo encuentres al bajar

Pero a pesar de ello tuvo una actitud positiva pues Dios estaba con él y de hecho Dios estaba en acción dirigiendo tras el telón la vida de José. Dios lo estaba formando para la grandeza, y como escribe A. W. Tozer en su libro titulado El sostén del justo: Es poco probable que Dios pueda bendecir grandemente a un hombre ya antes de haberlo herido profundamente”.

En su mayor parte, las experiencias de J. habían sido tristes. Si bien es cierto fue un privilegiado, su vida estuvo lleno de frustraciones, maltratos y rechazo, y asimismo de miedos, falsas acusaciones, esclavitud, encarcelamiento y abandono.

Después de un par de años completos en la cárcel, José tuvo un memento definitivo en su vida, en un día que parecía ser igual a cualquier otro. El rey del país tuvo 2 sueños con la misma interpretación y por último acá empieza a traslucirse la promoción de Dios en la vida de José. Él se presentó ante la corte real y también hizo la siguiente declaración: No está en mí. Dios responderá para el bienestar del Faraón. (Génesis 45:15,16).

José estaba allá de pie, delante de él, llenando todos y cada uno de los requisitos. Pero aún de esta manera, cuando le pareció oportuno ofrecer sus servicios se contuvo. No obstante, el rey faraón sabía que José era el hombre ideal para dirigir la tarea de recolectar la rebosante cosecha a lo largo de los siete años de abundancia y distribuirla a todo el pueblo a lo largo de los otros 7 años de escasez que proseguirían.

¿Quién no se siente impresionado por la templanza de J.? Se negó a manipular el instante o bien hacer alguna insinuación de que era el indicado. Simplemente se quedó parado y aguardó. De alguna forma, por la soledad de sus años recientes, descuidado y olvidado en la prisión, había aprendido a dejar que el Señor hiciese su voluntad en su tiempo perfecto, en lo que se refiere a sus propósitos. Por no tener ambiciones egoístas se negó a promoverse a sí mismo. ¡Qué excepcional!

¿Cuántos de nosotros hemos manipulado o bien tramado las circunstancias para lograr lo que queremos, desplazando a muchos a codazos o pisándolos para tratar de subir al puesto que ostentamos, solamente para lamentarlo después? Uno de los recuerdos más vergonzosos que muchas personas tienen, es el día que lograron lo que habían querido, maquinado o manipulado, solo para ver que eso se le desintegraba en sus manos. Esa no era la clase de promoción que José deseaba.

Si Dios estaba en el tema, lo haría. Eso fue lo que exactamente sucedió acá. Dios estaba en ello, y Dios lo hizo. Emulando lo que afirma Génesis 41:39-42, faraón le dijo a José: Pues Dios te ha hecho saber todo esto, no hay ninguna persona tan entendido ni sabio como . Por lo tanto, te pongo al mando de todo. A la única persona que rendirás cuenta, la única persona con más autoridad que , seré yo. Vas a ser segundo en el mando. Eres ahora mi primer ministro”. Dios vio en José oro.

El faraón extendió su mano, la movió de un extremo a otro para incluir todo el amplio territorio de Egipto, y dijo: Todo es tuyo, José”. Luego se quitó el anillo y lo puso en la mano de José. El anillo en aquel momento era la tarjeta de crédito ilimitada que usaban. Era la manera que tenía el rey para sellar las facturas, las leyes o cualquiera otra cosa que él quisiera verificar o bien validar, lo hacía con su sello. J. tenía ahora ese anillo en su dedo, colocado allí por el faraón mismo. La promoción de J. al estilo cenicienta fue increíble. Pero cuando Dios determina el instante adecuado, de esta manera es la forma como él actúa.

REFLEXIÓN:

Solo Dios puede sostenerlo vivo y sacarlo de su encierro. Solo Dios puede retribuirle por su fidelidad. Si ya lo ha hecho, sea agradecido, no orgulloso. Recuerde, con humildad, que fue Dios quien lo puso allí.

Algunos de están a puntito de ser promovidos y no lo saben, porque Dios no anuncia por anticipado sus nombramientos. Lo que tiene que hacer, mientras espera, es opinar en sus promesas. Es demasiado insolente si nos dedicamos a manipular a otros para conseguir lo que deseamos. Es muy aberrante si nos empeñamos a pisar el cuello de otros para lograr ese puesto o la altura que anhelamos. Querido, deje que Dios lo fomente y aunque esté en la oscuridad de su cárcel, confíe, por fe, que traerá la luz de un nuevo amanecer. En el invierno de su descontento, crea que va a haber una primavera.

El Dios de J. permanecerá junto a nosotros a lo largo de los días de encierro; no nos desamparará ni se olvidará de nosotros. Él va a estar con nosotros en la noche más oscura, recordándonos sigilosamente la promesa de la luz de la mañana.

José aprendió que un corazón contrito y humillado no es el fin, sino más bien el comienzo. Descubrió, golpeado y deshecho por los golpes de la frustración y de los sueños no efectuados, que Dios jamás se apartó de su lado. Cuando acabó la consternación, J. había sido refinado, y salió como el oro. Se había convertido en una persona más estable, virtuosa y de un carácter más fuerte. Las promesas de Dios son para nosotros tanto lo fueron para J.. Su gracia prosigue actuando.

¡Sus tiernas misericordias nos acompañan desde el foso hasta el pináculo más alto!

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